¿NO HABÍA SITIO EN LA POSADA?: EL NACIMIENTO DE JESÚS

 

 

El evangelio de Lucas, capítulo 2, versículo 7, en el texto original griego, dice lo siguiente:

“καὶ ἔτεκεν τὸν υἱὸν αὐτῆς τὸν πρωτότοκον, καὶ ἐσπαργάνωσεν αὐτὸν καὶ ἀνέκλινεν αὐτὸν ἐν φάτνῃ, διότι οὐκ ἦν αὐτοῖς τόπος ἐν τῷ καταλύματι”

La traducción habitual es la siguiente:

“Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo recostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la posada.”

A partir de la afirmación de que no había lugar para ellos en la posada la imaginación popular ha construido un relato de los hechos cuyos elementos esenciales son estos:

-José y María se ponen de viaje desde Nazaret a Belén estando el embarazo ya muy avanzado.

-José no tiene en Belén una casa propia donde alojarse.

-Cuando llegan a Belén María está ya a punto de dar a luz.

-No encuentran ninguna casa de algún amigo o pariente donde alojarse.

-Buscan alojamiento en la posada del pueblo y tampoco lo encuentran.

-Entonces tienen que buscar un establo donde aprisa y corriendo María da a luz al niño, al que coloca en un pesebre.

Esta historia deja a José en muy mal lugar: ¿cómo se le ocurrió llevarse a María a Belén estando el embarazo tan avanzado, siendo que no era necesaria la presencia de la mujer para efectuar el empadronamiento?, ¿es que José no previó anticipadamente dónde alojarse?

También deja en muy mal lugar a los habitantes de Belén: ¿cómo es que nadie les dio alojamiento, siendo la hospitalidad uno de los valores esenciales de aquella sociedad?

Y es que, en realidad, el relato que hemos construido a partir de esa frase de Lucas es inverosímil.

De entrada, el relato no es compatible con lo que en el propio evangelio se dice unas líneas antes. En efecto, en Lucas 2,6 podemos leer lo siguiente:

Ἐγένετο δὲ ἐν τῷ εἶναι αὐτοὺς ἐκεῖ ἐπλήσθησαν αἱ ἡμέραι τοῦ τεκεῖν αὐτήν

Lo que se traduce del siguiente modo:

“Y sucedió que estando ellos allí (se refiere a Belén), se le cumplieron a ella los días del parto”.

Es decir, cuando María se puso de parto la pareja ya hacía tiempo que estaba viviendo en Belén.

Si José era originario de Belén lo lógico es que allí o bien contase con casa propia, o bien tuviera unos familiares en cuya casa pensaba alojarse. Si José decidió llevarse a María con él, lo razonable es que lo hiciera cuando el embarazo no estaba muy avanzado, con la idea de pasar un tiempo en Belén y preparar allí el nacimiento.

Entonces, ¿qué hacemos con Lucas 2,7?

El inciso que es necesario aclarar en griego es este:

“διότι οὐκ ἦν αὐτοῖς τόπος ἐν τῷ καταλύματι”

La traducción habitual es esta:

“pues no había lugar para ellos en la posada “

La clave está es la palabra griega καταλύματι, que aquí se traduce por “posada”.

Sin embargo, la palabra καταλύμα tiene un doble significado. Puede significar “albergue, hostería o posada”. Pero también puede traducirse como “habitación, cuarto de huéspedes, estancia”.

La palabra καταλύμα aparece dos veces más en el Nuevo Testamento. ¿Con cuál de estos dos significados? Veamos:

-Marcos 14, 14

El texto griego es el siguiente:

“καὶ ὅπου ἐὰν εἰσέλθῃ εἴπατε τῷ οἰκοδεσπότῃ ὅτι Ὁ διδάσκαλος λέγει· Ποῦ ἐστιν τὸ κατάλυμά μου ὅπου τὸ πάσχα μετὰ τῶν μαθητῶν μου φάγω”

Y la traducción es esta:

“Donde quiera que entrare decid al amo de casa “El Maestro dice: ¿Dónde está mi estancia, en que coma la Pascua con mis discípulos?

Así, se usa la palabra para identificar el lugar donde va a celebrarse la Última Cena. Por tanto, aquí καταλύμα equivale a “estancia, habitación, cuarto de huéspedes”, desde luego no a “posada”.

-Lucas 22,11.

Se trata del mismo episodio en el que se está preparando el lugar de la Última Cena. El texto griego es este:

“καὶ ἐρεῖτε τῷ οἰκοδεσπότῃ τῆς οἰκίας· λέγει σοι ὁ διδάσκαλος· ποῦ ἐστιν τὸ κατάλυμα ὅπου τὸ πάσχα μετὰ τῶν μαθητῶν μου φάγω

Que quiere decir lo siguiente:

“y diréis al amo de la casa “Te dice el Maestro ¿Dónde está la estancia donde coma la Pascua con mis discípulos?”

Por lo tanto, aquí también καταλύμα equivale a “estancia, habitación, cuarto de huéspedes”, y no a “posada”.

Así, y fuera de Lucas 2,7, en el Nuevo Testamento la palabra καταλύμα se usa como “estancia, habitación, cuarto de huéspedes”, y no como “posada”.

De hecho, el evangelista Lucas, cuando se se refiere a un mesón o una posada no utiliza la palabra καταλύμα, sino la palabra πανδοχεῖον. Así se demuestra en el episodio de la parábola del buen samaritano. En Lucas 10,34 se emplea el término πανδοχεῖον para referirse a la posada:

“καὶ προσελθὼν κατέδησεν τὰ τραύματα αὐτοῦ ἐπιχέων ἔλαιον καὶ οἶνον, ἐπιβιβάσας δὲ αὐτὸν ἐπὶ τὸ ἴδιον κτῆνος ἤγαγεν αὐτὸν εἰς πανδοχεῖον καὶ ἐπεμελήθη αὐτοῦ”

Cuya traducción es esta:

“y, llegándose, le vendó las heridas después de echar en ellas aceite y vino; y colocándole encima de su propio jumento, lo llevó a la posada y le cuidó”

Y en el versículo siguiente, 10,35, se emplea la palabra πανδοχεῖ para referirse al posadero:

καὶ ἐπὶ τὴν αὔριον ἐκβαλὼν ἔδωκεν δύο δηνάρια τῷ πανδοχεῖ καὶ εἶπεν· ἐπιμελήθητι αὐτοῦ, καὶ ὅ τι ἂν προσδαπανήσῃς ἐγὼ ἐν τῷ ἐπανέρχεσθαί με ἀποδώσω σοι”

Que quiere decir:

“Y al día siguiente, sacado dos denarios, los dio al posadero, y le dijo: Cuídale, y lo que gastares de más, a mi vuelta yo de lo abonaré”.

Así pues, pocas dudas existen de que en Lucas 2,7 la palabra καταλύματι no ha de traducirse como “posada”, sino que significa “habitación”. Por lo tanto, la traducción correcta es la siguiente:

“Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo recostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la habitación.”

En esta traducción hay que entender que lo que se dice es que no había lugar en la habitación para María y el recién nacido.

¿Y cómo es que no había sitio para María y el niño en la habitación de la casa en la que en principio estaba previsto que tuviera lugar el parto?

La mejor explicación nos la ofrece el biblista argentino Ariel Álvarez Valdés, que es el que ha propuesto la nueva traducción. Estas son sus palabras:

“Con la precariedad de la edificación de entonces, las viviendas tenían tan solo una habitación central, en donde había de todo: armarios, herramientas, asientos, despensas, cocina. Y donde, llegada la noche, se extendían las esteras para el reposo nocturno, cada uno en su lugar preferido.
Esta habitación central era, pues, el pequeño mundo doméstico alrededor del cual giraba toda la vida del hogar y el movimiento de las personas, más o menos como los cuartos de muchos de nuestros hogares campesinos.
Pero además de la sala principal, las casas tenían adosado algún ambiente más pequeño, reservado, a veces empleado para depósito, o para eventuales huéspedes, con separadores agregados para mayor privacidad.
Esta habitación servía sobre todo para cuando en la casa había alguna parturienta. Porque en Israel, cuando una mujer daba a luz un hijo quedaba impura durante 40 u 80 días, según fuera varón o mujer, por la pérdida de sangre que había sufrido. Y los objetos que ella tocaba, el lecho donde reposaba, o incluso cualquier lugar donde se hubiera sentado, quedaban impuros. Y si alguno tocaba a la parturienta, o entraba en contacto con algún utensilio rozado por ella, caía automáticamente en la impureza (Lv 15, 19-24).
Y para los judíos una persona impura quedaba aislada socialmente, menguada ante Dios y ante los demás; no podía acudir al templo, ni relacionarse con nadie, hasta tanto terminaran los ritos de purificación, que eran complicados y llevaban su tiempo.”

¿Y qué es lo que pudo pasar para que finalmente María no pudiera utilizar esta habitación que se tenía inicialmente prevista? De nuevo podemos acudir a la respuesta de Ariel Álvarez Valdés:

“Si, pues, José tenía domicilio en Belén, entonces es justo pensar que traía a María para que se estableciera en su propia casa.
Para ello se pusieron en marcha con tiempo, con la prudencia de los santos y para evitar las dificultades de último momento. El viaje les habría llevado unos diez días, por el camino largo y accidentado de entonces, y habrían arribado a su patria varios meses antes del parto.
En este punto, afirma el Evangelio que mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento (Lc 2,6). Pero era la época del censo. Muchos betlemitas que habían regresado de todas partes colmaban la ciudad instalados en las habitaciones de las hospederías y casas particulares. También María y José habrían alojado en todas las dependencias de su casa a parientes y amigos.
Es entonces cuando, próxima a la hora del parto, María advierte que no había lugar donde dar a luz digna y discretamente, sin molestar y sin ser molestada, y sobre todo sin convertir en impuros a todos los habitantes de la casa. Es decir, no había lugar en la habitación reservada de la casa, en la καταλύμα.
Por ello, sin ofender a ninguno de sus parientes, se retiraron a la gruta-establo, que todas las casas de Belén tenían, y aún tienen, para albergar a los animales. Y allí, en una gruta de su propia casa, adaptada como refugio y adecentada por José lo mejor posible, poco después María dio a luz a un niño. Las demás mujeres la ayudaron a envolverlo en una frazada. Y como cuna tomaron un pequeño pesebre, es decir, un cajón donde se ponía el alimento para los animales domésticos, lo limpiaron bien, le pusieron heno fresco y lo cubrieron con un paño. “

Esta nueva traducción, que hemos de tener como la correcta, nos obliga a modificar la escena que nos habíamos imaginado de José y María buscando angustiados posada en Belén, cuando ya comenzaban los dolores del parto. Pero el nuevo relato es verosímil y coherente, y nos muestra a un José previsor y prudente, que actúa con la diligencia propia de un buen padre de familia. Estando todo dispuesto, se produce, no obstante, un último gesto de generosidad. Para no molestar a los que estaban ocupando la habitación inicialmente prevista para el parto, José y María decidieron usar la dependencia de la casa que se empleaba como establo, pero que estaba sin animales, y que fue limpiada y acondicionada para la ocasión.

Como concluye Ariel Álvarez Valdés, hablando de Jesús:

“Vivió pobre, compartió lo que tenía, se rodeó de los más necesitados, comió lo que le daban, y murió en la más absoluta indigencia. Jamás exigió nada para él. No quiso ocupar algo que a otros podría hacerles falta. Se lo vio aplicar constantemente el principio de que si alguien necesitaba su habitación, él debía bajar al establo. Al fin y al cabo, sus padres se lo habían enseñado.”

 

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